En febrero de 1773, María Antonieta escribe a su madre,
sobre su participación en este tipo de bailes: “fuimos con el señor Delfín, el
conde y condesa de Provenza, el jueves pasado al baile de la opera en parís, se
mantuvo en secreto todo lo mejor posible. Estábamos todos enmascarados…
regresamos a la misa antes de ir a la cama. Todo el mundo estaba encantado con
el Delfín, su actitud frente a esta salida, ya que se creía que era contrario a
ella”.
En enero de 1774, Luis y María Antonieta, una vez más se aventuraron
de incognito en parís para el baile de la opera. Esta es la descripción del
conde Mercy sobre el evento: “los tres príncipes y princesas llegaron el 30 de enero
al baile de mascaras en la opera. Las medidas se habían tomado tan bien que se
mantuvo durante mucho tiempo sin ser reconocidos por nadie. El señor Delfín se
comporto magníficamente, se mezclo en el baile hablando de manera
indiscriminada a todos los que encontraba por el camino, de una manera muy
alegre y decorosa; introduciendo el tipo de bromas adecuadas para la ocasión.
El público estaba encantado con la conducta por parte del Delfín, quien hizo
una gran sensación en parís y no dejo, como siempre sucede n estos casos,
atribuir a la señora delfina la forma de mostrarse a si mismo… los príncipes y
princesas regresaron una segunda vez para el baile de la opera el domingo 6 de
febrero, pero esta vez su presencia no estaba bien escondida y por lo tanto
hubo una mayor afluencia de la gente al teatro”.
Pero a pesar de todo Luis augusto no era el tipo de persona
de estos bailes, acompañaba a su esposa como una manera de acercarse a ella;
era consciente de todos los murmullos y criticas que había sobre las personas
de mala reputación que acudía a estos escandalosos bailes.
“madame la delfina tenía un gran deseo de ir al baile de
mascaras en el teatro de la opera. Pero, a sabiendas de que al señor Delfín no
le gusta este tipo de bailes… le pregunto a la condesa de Provenza hablar con
el señor Delfín y decir que quería ir al baile, y no dejar que el joven príncipe
supiera que la delfina tenía nada que ver con la solicitud. Madame de Provenza se
comprometió a hacer esto, pero más tarde reporto que el señor Delfín no quiso
ir…
Varios días después, el señor y la señora delfina estaban
teniendo una conversación amable y cariñosa y se planteo la cuestión de los
bailes. El señor Delfín le dijo que cuando la señora de Provenza había hablado
con el acerca del baile, ella le dijo que lo mantuviera en secreto, pero que la
señora delfina le había pedido que se lo solicitara y que ella no disfrutaba de
este tipo de diversiones… no comprendía como la delfina solo parecía encontrar
el placer en estos entretenimientos frívolos”.
En el año de 1777 la mundana reina no falta a ningún baile de la opera. Así describe el conde Mercy la actitud de la reina en estas fiestas: “ella no puede resistirse a participar a los bailes de palacio real y los enmascarados de la opera. Ella habla con todo el mundo, coquetea con jóvenes, la mayoría un número de extranjeros, sobre todo ingleses distinguidos”.
Al año siguiente, Luis XVI decidió visitar con ella el baile del la opera. Así describe madame de campan: “el rey quería ir, con la reina al baile de mascaras… donde un carro los esperaba, con el capitán de la guardia de la zona y una dama de compañía. El rey se divertía poco, hablo solo con dos o tres personas que lo reconocieron, se encontró con un tipo de baile de payasos y arlequines”.
Martes 16 de febrero de 1779: Luis XVI tenía planes de regresar al baile de la opera con la reina, pero luego cambio de opinión, estaba de acuerdo en que su esposa se fuera sola. Seguida por un dama y además se adoptaran todas las medidas para el mayor absoluto secreto.
Desafortunadamente el coche era tan viejo y malo que se rompió en la calle a cierta distancia del teatro. La reina se vio obligada a dejar el coche junto con la princesa de Henin, que la acompañaba. Era imposible encontrar un carpintero tarde la noche para repararlo. La reina paro la primera carroza que pasaba para poder asistir al baile. Al día siguiente este suceso causo un efecto escandaloso en Versalles.
Por su parte Luis XVI se echo a reír debido a lo divertido de la aventura; sin embargo por los corredores circulo el rumor de que la reina le había dado una cita en su casa privada a un señor honrado por sus favores, el duque de Coigny. Todo parís fue informado de la aventura de la cabina. Dicen que todo era un misterio en esta aventura de la noche.
Después de que María Antonieta se convirtió en madre en diciembre de 1778, su participación en estos bailes se vio mitigado en gran medida, prefería no estar demasiado lejos de sus bebes durante la vida nocturna en parís. Es triste que el disfrutar de los bailes de mascaras durante sus años de adolescencia daría lugar a muchos rumores falsos acerca de su estilo de vida.
la calumnia es muy poderosa...
ResponderEliminary si uno no va en su propio auto-,o coche,como era en aquel tiempo,-no vaya a ninguna parte. no deja de tener connotaciones bastante actuales la cosa.
ResponderEliminargracias.
Pobre reina incomprendida era una vanguardista
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