domingo, 27 de septiembre de 2015

DESTRUCCIÓN DE LA ESTATUA DE LUIS XVI EN EL MUSEO BURDEOS

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Cuando los hombres están muertos, entran en la historia. Cuando las estatuas mueren, desaparecen para siempre de nuestra memoria y nuestro patrimonio. Los archivos del museo Burdeos nos presenta la historia de la estatua de Luís XVI.

Destruction of the statue of Louis XVI at the Bordeaux Museum

El 11 de agosto de 1821, el consejo municipal de Burdeos, presidido por el alcalde Jean-Baptiste Lynch y con mayoría realista , votó a favor de erigir un monumento en memoria del «rey mártir» Luis XVI e instalarlo en la Place des Quinconces. Así, en 1825, el rey Carlos X aprobó el proyecto de una inmensa estatua de bronce esculpida por Nicolas Raggi.

El arquitecto Victor Louis fue el encargado del proyecto. El escultor accedió a realizar la estatua y el pedestal por la suma de 164.200 francos (se inspiró en el retrato de cuerpo entero de Luis XVI con sus vestiduras de coronación, obra de Antoine François Callet, que se conserva en el Palacio de Versalles). La estatua debía reposar sobre un pedestal cuadrangular, cuyos lados reproducirían, a modo de testamento, las instrucciones dadas por el rey al navegante Lapeyrouse. Los fondos se recaudaron mediante un impuesto especial, una suscripción pública y varias asignaciones aprobadas por el consejo municipal y el consejo general.

Junto con Nicolas Dupré de Saint-Maur, Victor Louis diseñó un complejo de edificios entrecruzados por 13 calles que desembocan en una gran plaza a orillas del río, conmemorando la victoria de los trece estados americanos independientes, a los que contribuyó el Reino de Francia. Los nombres de cada calle evocan a las figuras principales de la Guerra de Independencia. Cada entrada a la calle está marcada por un arco triunfal que conecta los edificios, creando así una línea continua de fachadas. Este entorno teatral sirve de telón de fondo para el monumento erigido en honor del rey Luis XVI, destinado a sustituir la cercana Place Louis XV. En el centro, Victor Louis erigió una columna «Ludovise» que sostiene una estatua de pedestal de Luis XVI.
 
Destruction of the statue of Louis XVI at the Bordeaux Museum

A medida que la inestabilidad política empeoraba, el proyecto fracasó. La sucesión de diferentes formas de régimen impidió la construcción del monumento, que finalmente se instaló en el Museo de Bellas Artes de Burdeos en 1878.

La plaza, inicialmente llamada «Plaza Luis XVI» y posteriormente rebautizada como «Plaza Luis Felipe», adoptó su nombre actual, Plaza de los Quinconces, tras la Revolución de 1848. Después de considerar varios proyectos a lo largo de las décadas, en 1883 se decidió construir un monumento en el centro del hemiciclo en memoria de los girondinos y en conmemoración de la República.

HISTORIA DEL MONUMENTO 

El 25 de agosto de 1826, a las seis de la tarde, la baronesa d'Hausez, en representación de la delfina María Teresa Carlota y madrina del monumento, colocó la primera piedra del pedestal. La estatua fue fundida el 24 de agosto de 1826 por Charles Crozatier en París.

La Revolución de 1830 provocó la caída del rey Carlos X y detuvo el proyecto. El nuevo rey, Luis Felipe, devolvió la estatua a los talleres de la fundición estatal de arte en el Faubourg du Roule, en la Île des Cygnes (también conocida como Île Maquerelle) , en el Sena.

En 1833, el ayuntamiento decidió demoler el pedestal (diseñado por el arquitecto François Mazois); las losas de mármol que lo cubrían se utilizaron como puestos de pescadería en el mercado de Burdeos. (Esto a pesar de que el ayuntamiento había estipulado en su resolución del 9 de mayo de 1844 que "serían cuidadosamente recogidas por la administración y almacenadas en sus depósitos").
 
Destruction of the statue of Louis XVI at the Bordeaux Museum

En 1837, la administración municipal intentó vender la estatua a la Lista Civil para el museo de Versalles, pero las negociaciones no tuvieron éxito. La venta y la destrucción planificada del local donde se almacenaba la estatua llevaron a su traslado al Depósito de Mármol del Gobierno el 1 de abril de 1854. En 1860, a petición del municipio, el ministro autorizó su retirada del depósito estatal con la condición de que fuera depositada en el museo de Burdeos.

En 1869, a petición del barón du Bosq, miembro del Consejo General de la Gironda, el emperador Napoleón III autorizó el envío de la estatua al Museo de Burdeos. Una suscripción pública cubrió los considerables gastos de transporte. La leyenda cuenta que la estatua fue traída de París a Burdeos en un carro especialmente adaptado tirado por diez pares de caballos (o 100 bueyes, según algunos relatos). Varios puentes tuvieron que ser apuntalados en el camino y algunas murallas de la ciudad fueron demolidas. En realidad, la estatua viajó en tren y llegó a Burdeos el 30 de julio de 1869. Fue colocada temporalmente en el jardín del ayuntamiento.

El 4 de septiembre de 1870, día de la caída de Napoleón III, la estatua fue ocultada a la vista del público en una caseta de madera.

Destruction of the statue of Louis XVI at the Bordeaux Museum

El vizconde Jean-Pierre Charles de Pelleport-Burète, alcalde de Burdeos entre 1874 y 1876, deseaba erigir la estatua en el jardín del ayuntamiento, pero tuvo que dimitir el 16 de marzo de 1876 debido al éxito electoral de los republicanos. El proyecto fue abandonado y la estatua permaneció confinada durante casi nueve años en su estructura provisional en el jardín municipal. No fue hasta el 26 de enero de 1877 que una resolución del alcalde Émile Fourcand ordenó que se reservara para ella una sala en construcción en el Museo de Burdeos.

Posteriormente, se encargó al arquitecto Auguste Dejean el diseño del ala sur del Museo de Bellas Artes de Burdeos, que albergaría la estatua. El lugar específico designado para esta estatua sería el "Salón Oriental".

En marzo de 1878, la estatua de Luis XVI fue finalmente instalada en una trastienda del ala sur del Museo de Burdeos. La controversia surgió y rápidamente se intensificó. Circularon rumores de que los republicanos exigían que la sala donde se encontraba la estatua estuviera separada de las demás por una cortina, "que solo se levantaría después de preguntar a los visitantes si la vista de la efigie del rey les resultaría ofensiva", mientras que los realistas protestaban contra la colocación de la estatua en la trastienda del museo, lo que llevó al público a creer que "el rey estaba de nuevo en prisión".

Destruction of the statue of Louis XVI at the Bordeaux Museum
La estatua almacenada en el exterior, en los jardines del ayuntamiento, antes de su exposición en la
galería del museo de bellas artes.
En varias ocasiones se propuso trasladar la estatua del Museo a un espacio público. En 1928, y de nuevo en 1935, para liberar espacio en el Museo de Pintura, el arquitecto Cyprien Alfred Duprat presentó un proyecto para instalarla en la Place du Champ de Mars. El arquitecto municipal, Jacques d'Welles, consideró que la ubicación era antiestética y, sobre todo, demasiado costosa: el traslado habría requerido la demolición y reconstrucción del pabellón de entrada del Museo.

DESCRIPCIÓN DE LA ESTATUA DE LUIS XVI

Se trata de una estatua de bronce sobre pedestal, de considerable altura, que representa a Luis XVI el día de su coronación, ataviado con la gran capa ceremonial.

La estatua de bronce alcanzaba una altura de 5,83 m y pesaba 12.500 kg. Ancho a la altura de los hombros: 1,80 m. Altura de la cabeza: 1,75 m. Cetro: 1,90 m. Espada: 2,57 m. Ancho total del sombrero: 1 m. Altura total de la corona: 0,90 m.

La mano derecha del soberano descansa sobre el cetro, mientras que su mano izquierda sostiene el gran sombrero de terciopelo adornado con plumas blancas, como los que usan los Caballeros del Espíritu Santo. Originalmente, la estatua estaba destinada a reposar sobre un pedestal rodeado de barandillas, cuyos cuatro lados estarían cubiertos con tablillas de bronce, a modo de testamento, que contendrían las instrucciones dadas por el rey al navegante Jean-François de La Pérouse.

Destruction of the statue of Louis XVI at the Bordeaux Museum

Esta estatua, notable por sus dimensiones, distaba mucho de ser una obra maestra arquitectónica, según los críticos de arte contemporáneos. (Lo cual, sin duda, también influyó en su triste final).

DESTRUCCIÓN DE LA ESTATUA

El 27 de octubre de 1941, el conservador del museo, Jean Gabriel Lemoine, recibió la notificación de que, según la ley del 11 de octubre de 1941 relativa a la movilización de metales no ferrosos, la estatua debía ser fundida. Se puso en contacto con Adrien Marquet, alcalde de Burdeos y antiguo ministro de Estado del gobierno de Vichy. El alcalde respondió: «que tiene el triste deber de asumir y defender, sin esperanza de éxito, el patrimonio artístico de nuestra ciudad, frente a órdenes absolutamente estrictas de París» (Carta del 9 de diciembre de 1941).

El lunes 29 de diciembre de 1941, los trabajadores de las dos empresas encargadas de desmantelar la estatua llegaron al museo. La estatua fue destruida definitivamente en enero de 1942, obteniéndose 12.587 kg de bronce.

Destruction of the statue of Louis XVI at the Bordeaux Museum
Destruction of the statue of Louis XVI at the Bordeaux Museum

Previamente, Charles-Louis Malric realizó una reproducción en yeso de la estatua, así como un molde de yeso de la cabeza. Al parecer, la espada de 2,50 m se salvó de ser fundida.

De las 500 toneladas de metal recuperadas, bajo presión alemana, por el Ministerio de Producción Industrial, la región de Gironda aportó 20 toneladas, correspondientes a 28 monumentos desmantelados. Su triste trayectoria, víctima de acontecimientos políticos incontrolables, podría compararse, con cierta nostalgia, con la del rey Luis XVI. Es así como por segunda vez podemos decir el rey muere.

Destruction of the statue of Louis XVI at the Bordeaux Museum

jueves, 17 de septiembre de 2015

LA DELFINA MARIE ANTOINETTE: EL OSCURO ASUNTO DEL REPARTO DE POLONIA (1772)

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the dauphine marie antoinette: the dark affair of the partition of poland (1772)
El mapa de Europa en julio de 1772, obra satírica ingles.
Mientras la pequeña Antonieta se encontrada en medio de la lucha por el saludo a madame Du Barry, Un asunto oscuro y no muy limpio se está tramando en Viena. Hace ya meses que, de parte de Federico el Grande, a quien ella odia como al verdadero emisario de Lucifer sobre la tierra, y de Catalina de Rusia, de quien también desconfía fundamentalmente, se le ha hecho la triste proposición de un reparto en Polonia, y la entusiasta aprobación que esta idea encuentra en Kaunitz y en su corregente José II perturba desde entonces la conciencia de la emperatriz. «Todo reparto es, en el fondo, injusto y dañoso para nosotros. No puedo menos de lamentar esta proposición, y tengo que confesar que me da vergüenza el dejarme ver en público.» 

Al punto ha reconocido esta idea política como lo que realmente es: como un crimen moral, como un acto de bandidaje contra un pueblo inocente a indefenso. « ¿Con qué derecho podemos saquear a un inocente a quien siempre nos hemos alabado de proteger?» Con grave y pura indignación, declina la oferta, indiferente a que se puedan tomar por debilidad sus escrúpulos morales. «Mejor pasar por débiles que por desleales», dice noble y sabiamente. Pero María Teresa hace mucho que no es soberana única. José II, su hijo y correinante, sólo sueña con guerras, aumento del Imperio y reformas, mientras que ella, que conoce prudentemente la frágil forma artificial del Estado austríaco, sólo piensa en conservar y mantener; para oponerse a la influencia materna, José II sigue tímidamente el camino del hombre belicoso, del más encarnizado enemigo de su madre, de Federico el Grande, y con profunda consternación ve aquella mujer envejecida que su más fiel servidor, Kaunitz, a quien ella ha hecho grande, se inclina hacia la naciente estrella de su hijo. Quebrantada, fatigada y desengañada en todas sus esperanzas como madre y como soberana, lo que habría preferido sería la abdicación.

Pero la detiene la idea de su responsabilidad; presiente con profética certeza -la situación es igual a la de aquel Francisco José que, asimismo cansado, tampoco se desprendía del poder- que el espíritu voluble e inquieto de aquel precipitado reformador que es su hijo extenderá inmediatamente la turbación por todo aquel imperio tan difícilmente gobernable. De este modo, esta mujer piadosa y profundamente íntegra lucha hasta el último instante por lo que es el bien supremo para ella: por el honor. « Reconozco -así escribe- que en todo el tiempo de mi vida jamás me he sentido tan acongojada. Cuando tuve que reivindicar todas mis tierras, me sostenía la idea de mi derecho y el apoyo de Dios. Pero en el caso presente, en el cual no sólo el derecho no está de mi parte, sino que la obligación, la justicia y la equidad luchan contra mí, no me queda ninguna paz, sino más bien inquietud y reproches de un corazón que jamás estuvo acostumbrado a engañar a nadie, ni a sí mismo, o hacer pasar la doblez como sinceridad. La fidelidad y la buena fe están perdidas para siempre, aunque son la mayor joya y la verdadera fortaleza de un monarca frente a los otros.» Pero Federico el Grande tiene una conciencia robusta y se mofa desde Berlín: «La emperatriz Catalina y yo somos un par de viejos bergantes; pero ¿cómo se las compone con su confesor la vieja beata?».

the dauphine marie antoinette: the dark affair of the partition of poland (1772)
Estanislao II, ultimo rey de Polonia. amante de la zarina catalina de Rusia por la cual obtuvo la corona, sus reformas y debilidad como monarca llevaron a la guerra civil que termino con la desmembración del reino polaco.
Insiste el rey de Prusia, y José II amenaza, jurando siempre que es inevitable la guerra si Austria no se une a los otros dos. Finalmente, en medio de lágrimas, lastimada su conciencia y dolorida el alma, María Teresa accede: «No soy lo bastante fuerte para regir sola los asuntos; por consiguiente, les dejo, no sin la mayor aflicción, que sigan el camino por ellos trazado», y firma con la reserva de que lo hace «porque me lo aconsejan todos los hombres prudentes y experimentados».

Pero en lo más íntimo de su corazón se reconoce como cómplice y tiembla ante el día en que el tratado secreto y sus consecuencias sean revelados al mundo. ¿Qué dirá Francia, tradicionalmente un amigo y aliado de Polonia? ¿Soportará con indiferencia este bandidesco ataque por sorpresa a Polonia, en consideración a su alianza con Austria, o combatirá unas pretensiones que la propia emperatriz no tiene por legítimas? ¿Soportara la alianza franco-austriaca la tensión? ¿Quién iba a suavizar esta crisis familiar? Con su propia mano ha tachado María Teresa en el decreto de ocupación la palabra «legítima». Todo depende únicamente de la actitud cordial o fría de Luis XV Entonces, en medio de estas preocupaciones, en este ardiente conflicto de conciencia, se presenta la alarmante carta de Mercy diciendo que el rey está enojado con María Antonieta, que le ha manifestado abiertamente al embajador su disgusto, y eso precisamente cuando en Viena están engañando al ingenuo embajador, al príncipe de Rohan, el cual, en medio de sus diversiones y cacerías, no ve nada de la cuestión polaca.

Porque María Antonieta no quiere hablar con la Du Barry puede originarse, del reparto de Polonia, un mal asunto de Estado, y por último quizás una guerra... María Teresa se espanta. Una escueta misiva es enviada a María Antonieta a fin de que logre ganarse el afecto del rey y lo envuelva en una cortina de humo sobre la cuestión polaca. Pero al día siguiente la delfina revelaría al conde Mercy: ¿Qué pasaría si hubiera una ruptura entre nuestras dos familias? ¿Sería austriaca o seria delfina de Francia?

Los oponentes de la delfina aprovecharon el asunto de Polonia para atacarla, especialmente el duque de Aiguillon, su funesto enemigo y aliado de la Du Barry: “ver lo que la fe puede añadir a Francia a la amistad con la casa de Austria, y de lo que debemos esperar de esta casa, un aliado del rey por medio de un matrimonio, que, cuando quiere aumentar sus posesiones a expensas de Prusia, Francia se levanta contra él; pero cuando quiere aumentar su área a expensas de Polonia, se aproxima a Prusia, el enemigo del rey!” pero el ministro acaba por lamentarse “la alianza austriaca está en el corazón mi amo”, Nada serviría para romperla. Como Luis XV declaro: “he hecho esa alianza y continuara siempre y cuando la emperatriz viva y el emperador también… no quiero una guerra”.

the dauphine marie antoinette: the dark affair of the partition of poland (1772)
El pastel de lo reyes, obra alegórica francesa respecto al reparto de Polonia a espaldas de Francia.
Finalmente los consejos de su madre lograron que María Antonieta le dirigiera la palabra a madame Du Barry con esta frase –hoy hay mucha gente en Versalles-.Pero estas seis palabras llevan en sí un más profundo sentido. Con estas seis palabras se le ha puesto el sello a un gran crimen político; con ellas se ha comprado el tácito consentimiento de Francia al reparto de Polonia. Gracias a estas seis palabras no sólo la Du Barry, sino también Federico el Grande y Catalina de Rusia, han afirmado su voluntad. La humillada no es sólo María Antonieta: todo un país lo es también.

domingo, 6 de septiembre de 2015

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Cuando llegue a aquel palacete encontré a la reina bebiendo su café. Las cortinas blancas de su dormitorio con sus adornos de flores de colores, los enormes ramos de dalias en sus vasos de cristal, la trasparencia de los visillos bordados finamente, todo conspiraba por la mañana para hacer olvidar el clima aburrido. Pero nada habría tenido ningún efecto sobre mí si no hubiera sido por el encanto de su sonrisa… derramar una alegría, calor de oro por encima de todo…

“qué bueno que has caminado hasta aquí para poder leerme a mi aquí en el Trianon, y tan temprano en la mañana, no sé cómo darte las gracias”

“me volvería a caminar mucho más lejos y con la mayor voluntad, en caso de que su majestad así lo desee”

“lo sé , lo sé estas completamente dedicada a mí. Y es un gran consuelo para  mi pensar en todas esas personas que están dispuestas a ofrecer sus servicios”

-Farewell my Queen - Chantal Thomas.