domingo, 5 de febrero de 2017

INFANCIA DE MARIE ANTOINETTE


 El énfasis en la educación de las archiduquesas estaba en la docilidad y la obediencia. El texto fundamental utilizado en su crianza era “les aventures de Telémaco” por Fenelon, escrito a finales del siglo XVII por el heredero de Luis XIV y de importación a Austria por francisco esteban. Esto subraya la importancia de que el sexo femenino tuviera habilidades y destrezas, modestia y sumisión. La necesidad de la obediencia total a partir de sus hijas era algo sobre lo que María Theresa era bastante inequívoca. “ellos han nacido para obedecer y tienen que aprender a hacerlo a su debido tiempo”, como declaro la emperatriz.

Como cualquier otra gran familia, esta contenía una colección de individuos diversos y, como cualquier otra familia numerosa, era inevitable estar dividido por su rango de edad y la experiencia. La emperatriz desfilo su diferencia de mujer casada con el emperador; por otro lado, era ella la que trabajo día y noche en sus documentos de estado y el emperador fue feliz en las jornadas de cacería. Fue María Theresa la maravilla de Europa por su fuerza y capacidad de decisión, no francisco esteban. Por decir lo menor, María Theresa presento un modelo complicado a sus hijas.


Debajo de la superficie idílica, también hubo corrientes y rápidos bancos de arena, celos y rivalidades, que sin embargo, era común en todas las familias numerosas, tuvieron una importancia adicional en una familia de estado. En efecto, los hijos de María Theresa francisco esteban, nacidos entre 1738 y 1756, se dividieron en dos grupos. La primera familia y la frase era apta en más de un sentido, constaba, además de la invalida Marianne, del heredero Joseph, nacido el 13 de marzo de 1741, María cristina nacida el 13 de mayo, en el propio cumpleaños de María Theresa, al año siguiente, luego vino “la bella Elizabeth”, como se le conocía, nacida en agosto de 1743, el archiduque Carlos, nacido en 1745 y la primera familia fue completada por Amalia nacida en 1746 y Leopoldo en 1747.

los niños imperiales, José y sus seis hermanos y hermanas, a la salida de la guerra de sucesión.
Después de que había una brecha artificial de cinco años, causadas por el nacimiento y muerte de una hija en 1748, agravada cuando la próxima nacida hija, Joanna, también murió joven. La tercera en la fila fue Josefa, otra belleza nacida en 1751, así, la segunda familia comenzó con la archiduquesa Charlotte –conocida en la historia más tarde como María Carolina- nacida el 13 de agosto de 1752, seguido por Fernando, Antonieta y Maximiliano; los tres de ellos nacieron en el espacio de dos años y medio.

Se verá que la posición de madame Antonieta en la familia se caracterizó por una parte en la distancia, el archiduque Joseph era casi quince años más viejo, edad suficiente para ser su padre por las normas reales de la época. María Theresa en sus últimos treinta y cuarenta años, ya no era la madre joven feliz que había saludado el nacimiento de Joseph, el heredero varón con el éxtasis. De hecho sus energías estaban ahora dominadas por los asuntos de estado.

Marie-Josèphe, Marie-Caroline, Marie-Antoinette et Maximilien.
Desde finales de 1756 hasta la paz de parís en febrero de 1763, Antonieta en sus primeros años de vida, Austria estaba en guerra con Prusia e Inglaterra, y María Theresa estuvo al frente. Sin embargo, la emperatriz era la figura central de la vida de sus hijos y cuyo amor que junto con el respeto, en el caso de los más jóvenes, una fuerte dosis de temor, incluso miedo, fue mezclado con estos sentimientos. Como María Antonieta diría: “me encanta la emperatriz, pero tengo miedo de ella, incluso a la distancia; cuando me dirijo a ella, nunca me siento muy a gusto”.

Dada la autoridad inexorable de la emperatriz, el favoritismo claro que ella expuso por la archiduquesa María cristina casi desde su nacimiento –pues era un cumpleaños compartido- fue una fuente de gran resentimiento a todos los hermanos y hermanas. El fenómeno era tan marcado que uno se pregunta, al igual que con todos los padres que se entregan al favoritismo marcado si la emperatriz no se cuestionaba a veces ella misma. Por el contrario, María Theresa vio a “mimi” o María cristina como la segunda hija sobreviviente, como el consuelo que se le debía a ella por la vida.

María Teresa de luto junto a su hija María Cristina - Gabinete de Miniaturas - Hofburg de Viena.
Antonieta resintió de esta hermana que era trece años y medio mayor que ella, como ella la vio, María cristina utilizo su posición primordial de crear problemas con su madre. Fue un punto de vista compartido por su hermano Leopoldo, que estaba mucho más cerca de la edad de María cristina, quien denuncio sus maneras de reñir, su afilada lengua y, sobre todo, su habito de “contar todo a la emperatriz. Ciertamente María cristina tenía una fuerte vena del “masculino” o magistral en su naturaleza. Esta es una herencia de María Theresa en más de una archiduquesa – Amalia y María Carolina por ejemplo- pero no por María Antonieta. Al mismo tiempo, María cristina era muy inteligente, así como talento artístico; ella era sin duda la hermana excepcional en este sentido.

Era fácil como resultado de Antonieta de concebir una aversión tímida para la empresa intelectual y brillante, mujeres mayores dueñas de sí misma, exactamente l la clase de criaturas sofisticadas que por tradición dominaban la sociedad francesa. Amalia, aunque casi diez años mayor, era una figura mucho menos amenazante; ella no era inteligente, no tan interesante, no tan bonita, ni elegante, por todas estas razones no estaba tan querida por María Theresa. Aunque Antonieta podría hacer frente a Amalia, los ecos de sus celos infantiles para mimi, al pasar los años, resonarían cada vez con más fuerza. La relación de Antonieta con su hermana más cercana en edad, Charlotte, por otra parte, establece un patrón bastante diferente. La futura María Carolina, tres años mayor que ella, se alzó con Antonieta casi como si fueran gemelas.

retrato de la pequeña antonieta junta a su hermana Maria Carolina.
Se trataba de dos animadas niñas, al mismo tiempo, Charlotte era dominante y protectora, Antonieta dependiente. María Theresa, atontada como estaba con su mimi, sin embargo admiraba el espíritu de Charlotte, “ella era –dijo la emperatriz- la que se parece más estrechamente a mí misma”. Tal vez ayudo a su relación simbiótica que Charlotte y Antonieta “se parecían en gran medida”, como la pintora madame Vigee-LeBrun señalo más tarde (el retrato de las dos se pueden confundir fácilmente). Como niñas compartían los mismos ojos azules grandes, el color rosa y tez blanca, cabello rubio y narices alargadas; pero por razones indefinibles, todo añadió hermosura femenina en Antonieta. Charlotte, si “no es tan bonita”, estaba en el otro lado atractivo con una fuerte personalidad.


La pequeña Antonieta había logrado al parecer, evitar más o menos la desagradable experiencia de la educación, que no sea en las artes, donde su habilidad en el baile y su gusto por la música añadieron a su aura general, una gracia majestuosa. Su institutriz, la condesa de Brandeis era una bondadosa mujer, que le brindo afecto a Antonieta, el cariño que quizás le faltaba de su madre imperial. Parece adecuado que la carta escrita para saludar al año nuevo cuando tenía once o doce años escrito por ella para “la más querida Brandeis” y firmado por “su fiel discípula que te ama con locura, Antonieta”.

Esta breve carta es la primera existente escrito por María Antonieta, un deseo para el Año Nuevo, cuando tenía 12 años de edad, envió a su institutriz, la condesa Brandeiss, firmada por "su pupila fiel, Antoine."
El problema era que “la querida Brandeis” llego a estropear y descuidar cualquier tipo de instrucción grave. Cuando periódicamente la emperatriz exigió ver los trabajos de su hija, muchas fueron hechos por la institutriz, incluso los dibujos supuestamente por la mano de la archiduquesa probablemente no fueron hechos por Antonieta.

María Antonieta junto
a su ama de llaves
En 1768 la querida Brandeis fue eliminada en favor de la condesa de Lerchenfeld, inteligente y también más difícil, que había actuado como maestra de las batas a las mayores archiduquesas. Inevitablemente Antonieta le desagradaba y continúo llorando por Brandeis. Esta combinación de un inicio tardía y una aversión personal a su maestra no hizo mucho para remediar su situación educativa.

La ignorancia es la bendición de la niñez. ¿Qué sabe una niña de diez, doce, catorce años de la guerra y la paz, de batallas y tratados? ¿Qué significan para ella los nombres como Austria o Francia, Luis, Federico o Catalina de Rusia, que toda esa locura del mundo? Con los rubios cabellos al viento, una muchachita de largas piernas corre y juega en las habitaciones luminosas y en las sombrías de un palacio, con su hermana Charlotte. Niñas, hoy son alegres compañeras de juego, mañana lo serán en el extranjero como reinas.

María Antonieta en tres años, el Hofburg de Viena -
Gabinete de Miniaturas
Un resplandor de la niñez dichosa seguirá brillando así incluso en su hora más oscura. Pero ¡qué lejos está aún ese tiempo turbio y sombrío! Ahora las hermanas siguen jugando día y noche, burlando y engañando a su institutriz, sonrisas encantadoras en los palacios de Schonbrunn o Laxenburg y nada saben de soberanía, dignidad y reinos, nada de su orgullo y de sus peligros. Pero de repente ambas serán separadas, la aventura ha terminado, Charlotte es enviada a Nápoles y la pequeña Antonieta es elegida para ser la prometida del delfín de Francia, la política echa mano a su cuerpo sin desarrollar, a su alma ingenua. Pero con esa ha terminado su niñez y comienza el deber y las pruebas.

La pequeña María Antonieta de cinco años, dice para el cumpleaños de su madre un poema de Metastasio -
El ejemplo tomado de "Ilustraciones para la Historia de Italia" por Lodovico Pogliaghi, publicado por la Casa de Treves (1886).

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