domingo, 5 de abril de 2015

MADAME DE POLIGNAC ES NOMBRADA INSTITUTRIZ REAL

La reina fue ocupada en lo personal de la educación de sus hijos. Tal preocupación la manifestó a través de sus cartas a su amiga la princesa de Hesse. Una quiebra inesperada y horrible de una familia noble a principios del otoño de 1782, fue por lo tanto de interés particular para la reina porque se trataba de la real institutriz de sus hijos. Esta era la princesa de Guemenee que solo un año antes había desfilado tan felizmente con el delfín recién nacido en medio de las filas de cortesanos.

La quiebra por la suma de 33 millones de libras fue el mayor escándalo en Versalles. Los Rohan-Guemenee, como pareja, habían sido deslumbrante y por un tiempo era difícil creer en el colapso de su futuro tan brillante. La princesa finalmente renuncio a su puesto, el rey y la reina se comportaron tan bien y generosamente con la pareja, a pesar de los consejos del conde Mercy y Vermont que la reina evitara cualquier enredo en este asunto. María Antonieta aseguro una enorme pensión para la princesa en la rendición de su puesto, mientras que el rey compro la propiedad Guemenee en Montreuil.

¿Por tanto quién ocuparía este puesto tan importante? educar al futuro monarca desde niño significaría una influencia enorme de grande. Corrieron rumores de que la reina elegiría a su idolatra madame Polignac. Sin embargo la favorita seducida por la importancia del empleo, trato de anticiparse a decir que no lo aceptaría y siguió manteniendo su punto de vista de elegir una buena ama de llaves. Los cortesanos que se consideraban agraviados, de todos lo que se le concedió, siguieron circulando intrigas contra ella.


El rey se debatió entre dos mujeres; la princesa de Chimay y madame de Duras, pero antes faltaba la opinión de la reina: “me temo, en la adoración aprobada por la princesa de Chimay podría garantizar en nuestros niños el sentimiento de la verdadera piedad. En cuanto a la señora de Duras, ella es muy inteligente y la educación superior va en detrimento de la dedicación. Así que mucho conocimiento puede ser esencial para un gobernador, pero me parece perjudicial para una ama de casa que debe limitarse a desarrollar el alma y el carácter de sus alumnos”.

El rey impresionado por esta sentencia pensó en que su esposa elegiría madame Polignac y se apresuró a difundir que esta iba a ser nombrada institutriz, Luis XVI dio plena confianza y estima a la favorita y más aún en dejar en sus manos la educación de los hijos de Francia. Por tanto la camarilla Polignac tejió una red para ratificar la confianza de la una y ablandar la apatía de la otra. El astuto barón de Besenval estuvo a cargo de este espinoso asunto: “aproveche el momento en que la reina iba de una habitación a otra -dice- me fui a ella y le pregunte lo que pensaba sobre los rumores que circulaban en el palacio, sobre la jubilación de la señora de Guemenee y su reemplazo por madame Polignac. La reina se detuvo y me miro como alguien que presenta una idea totalmente nueva, se quedó un momento sin hablar - ¿madame polignac?- majestad tiene todas las cualidades necesarias para este puesto, creo que desagradara en el ojo público sino diera esa confianza a su amiga”.

En cualquier nivel normal, la Duquesa de polignac tenía un carácter dulce y era una buena opción. Compartió las preocupaciones de la maternidad; su cuarto hijo, Camille, nació tres meses después del delfín.

Madame polignac hablo con la reina. Con lágrimas manifestó su gratitud, luego hablo de las repercusiones que podrían surgir en su contra, pues la duquesa de Grammont codiciaba esta oficina:
"no he prometido el puesto a nadie –respondió la reina- y yo solo daré a usted antes que cualquier persona. Confió ciegamente en que usted educara muy bien a mis hijos".


Pero Versalles no era un mundo normal. El peligro no radica en los vicios retratados en los folletos sobre la polignac con títulos como “la princesa de priape” o “la mesalina francesa”. Tampoco Luis XVI que tomo la molestia de asegurar a la duquesa de antemano que iba a confiar fácilmente a sus hijos. Su dependencia agradeció en la capacidad de Yolanda de aliviar las amarguras de la reina.

Según el conde Mercy “la elección como institutriz no ha recibido la aprobación general”, La noticia no solo sorprendió a Versalles, el disgusto llego hasta Viena donde José II escribió a mercy mostrando su desagrado: “el nombramiento de la señora polignac, lo admito, me sorprendió como todas las personas sensatas, pero aun así, es un hecho y yo soy cuidadoso de no hablar en esos términos a la reina, pero no dejo de mostrar mi disgusto como una mujer tan impúdica se le asigné un cargo de tanta importancia”.

El nuevo cargo añadió a la lista de prestaciones de los polignac, apartamentos en Versalles y el cargo lucrativo de director general de correos, dado al duque de polignac. Es cierto que por 1782, María Antonieta ya estaba totalmente dominada por el conjunto de los polignac.

A pesar de todo era una carga muy grande para una mujer de vida tranquila. La infancia del delfín Luis José, nacido débil y delicado, era doloroso, madame de Polignac fue despertada varias veces en la noche por los gritos del joven príncipe, cuya habitación estaba al lado de la suya. Las preocupaciones era la muerte de la esperanza dinástica de Francia. Su angustia se calmo un poco cuando nació el pequeño Luis Carlos, que se produjo tres años más tarde, pero su fatiga se duplica.

Mucho cuidado, ya que la rendición de cuantas, había alterado profundamente la salud de madame de Polignac, quien se vio obligada a considerar el retiro. De hecho, la etiqueta prohibió al gobernante alejarse por un momento de los estudiantes. Debía tener el permiso del rey y la reina, que rara vez se concede. Su renuncia no fue aceptada, hemos visto como con dificultad y en qué condiciones se le permitió a madame de Guemenee retirarse.

Esta vez madame de Polignac sintió un rechazo absoluto. Durante el viaje a Fontainebleau y con el pretexto de ir a las aguas solicito por segunda vez la renuncia. El rey termino por aceptada con la condición de que esperara un año para conseguir una persona adecuada para el cargo. La reina agrego que en su retorno de las aguas, ella compartiría con su favorita el cuidado de sus hijos.

Madame de Polignac solo podía retirar su renuncia en presencia de tal testimonio de amistad. Así que fue con su marido a las aguas termales; pasaron dos meses en tierras inglesas. La muerte de la princesa Sofía apresuro su volver.

Pero las horas tristes ya habían comenzado, la furiosa oposición había surgido contra el rey y la reina, en especial con tea la reina que fue criticada por su apego a madame de Polignac. Esta última supuestamente había acorralado todos los cargos, todos los honores para el beneficio de su familia.

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