domingo, 8 de marzo de 2015

LAS MASCOTAS EN VERSALLES

Para el gran palacio de Versalles era un paraíso para los animales exóticos, varios extranjeros de visita en Francia comentaron sobre esta extraña predilección de la corte por tales animales.

Los gatos estaban por todas partes, Luis XV los adoraba, tenía en particular un mimado gato blanco persa, y negó a permitir que sus cortesanos se burlaran de él; de  manera significativa al delfín Luis augusto le disgustaban los gatos, su pasión era obviamente los caballos. Para la Du Barry favorecía los pericos y los monos amaestrados, así como un perro que recibió un propicio collar de diamantes como regalo de parte del príncipe visitante de Suecia.


La princesa de Chimay también favoreció los monos, a pesar de la ocasión celebre cuando su mono corrió salvajemente en su tocador, enlucido a sí mismo con el colorete y el polvo, lo que aterro a los presentes. En 1787, madame Elisabeth estaba dotada de un mono por el marqués de Bombelles, aunque era común en la sociedad alta francesa, la princesa no pudo mantener el mono:

“estoy desesperada por el sacrificio que me hacen de su mono, y tanto más, porque no puedo mantenerlo, mi tía Victoria tiene temor por estos animales y se enfadaría si yo tuviera uno. Por lo tanto, mi corazón, a pesar de todas sus gracias y de la mano de quien me lo dio, tengo que renunciar a él. Lo voy a enviar de nuevo a usted, sino, se lo daré al señor de Guemenee. Estoy desesperada, siento que es muy grosero y se enfada mucho. Lo que me consuela es que usted habría tenido que deshacerse de él muy pronto a causa de sus hijos ya que podría llegar a ser peligroso”. (Madame Elisabeth al marqués de Bombelles, 27 junio 1787).

La princesa de Lamballe favoreció los canes raza galgos, la señora de Tantes amaba los perros raza spaniels. El conde de Hezecques, en sus días en Versalles, recordó una escena caótica cuando la familia real salo a la gran galería, de pronto algo asusto a los animales y todos empezaron a entrar en pánico, gritando y huyendo a través de los vastos salones como sombras.


La reina en particular adoraba los perros pequeños, a pesar que irritaban al conde Mercy pues eran tan indisciplinados, podrían romper los muebles y rasgar la ropa, aunque en este caso María Antonieta estaba simplemente siguiendo la costumbre de palacio. Tales placeres sin duda hicieron parte de la vida de la reinas en sus días en Versalles.

1 comentario:

  1. A Luis XVI le gustaban los perros y los caballos. Los gatos no. ¿De qué raza? Los caniches. Este monarca tenía caniches enanos. Los quería mucho el Rey.

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