domingo, 29 de julio de 2012

DESPEDIDA DE AUSTRIA (1770)


Para el delfín y la corte real se confecciona nuevos trajes de gala, bordados con preciosa pedrería; el gran pitt, el más soberbio diamante de aquel tiempo, adorna el sombrero de bodas de luís XVI, y con igual lujo prepara María teresa el equipo de su hija: encajes tejidos especialmente en malinas, los más delicados lienzos, sedas y joyerías. Todo porque ya es la hora de la entrega oficial de Marie Antonieta como futura delfina de Francia.

Luis augusto por su parte está confundido, nunca ha visto a su futura esposa y tiene miedo de no agradarle, el sabe que ella es bella y que se desenvuelve con mucha gracia, encantando a todos, mientras que el es torpe.


Por último, llega a Viena el embajador Durfort, encargado de solicitar a la novia. El 17 de abril de 1770 María Antonieta jura sobre los evangelios renunciar a la sucesión hereditaria, tanto materna como paterna ante un crucifijo y cirios encendidos. Seguidamente vienen las felicitaciones, primero de la corte, de la universidad y del ejército, recepción y baile para tres mil personas en el Belvedere, otra nueva recepción para los mil quinientos invitados del palacio de Liechtenstein.

El 21 de abril una cena familiar para la despedida solemne en medio de una doble fila de soldados entre abrazos y lagrimas María Antonieta atraviesa la fila, sube a la carroza y parte hacia su nueva vida en Versalles.

María teresa como presintiendo que algo está por suceder, pues como gran conocedora de caracteres acerca de su hija tardía María Antonieta; sabe las buenas cualidades de su hija más joven -su gran bondad y cordialidad, su puro y alegre buen sentido, su natural humano y sincero-, pero conoce sus peligros: su falta de madurez, su aturdimiento, su ligereza, su inconsecuencia.


Para estar más cerca de ella, para formar en el último momento una reina con esta ardiente bestezuela silvestre, hace que María Antonieta duerma en su propia habitación los dos últimos meses antes de su partida; con largas conversaciones, procura prepararla a desempeñar su alto puesto; y para obtener la ayuda del cielo, lleva consigo a la niña a una peregrinación a Mariazell. Pero a medida que está más próxima la hora de la despedida, más intranquila se siente la emperatriz. Un oscuro presentimiento le turba el corazón: el presentimiento de una desgracia futura, y emplea todas sus fuerzas en desechar las tenebrosas potencias. Antes de la partida entrega a María Antonieta su amplio directorio de conducta y exige de la descuidada niña el juramento de que lo leerá cada mes concienzudamente. Aparte la misiva oficial, escribe además una carta particular a Luis XV en la cual la anciana dama conjura al anciano rey para que tenga indulgencia con el infantil aturdimiento de la joven de catorce años. Pero ni aun con eso se acalla su interna intranquilidad.

Aún no puede haber llegado a Versalles María Antonieta cuando le repite ya la advertencia de que consulte aquel escrito admonitorio. «Te recuerdo, mi hija querida, que el 21 de cada mes vuelvas a leer aquella hoja. Te suplico que seas fiel cumplidora de este deseo mío: no temo para ti más que tu negligencia para orar y hacer lecturas, y los descuidos y pereza que vendrán de ello. Lucha contra todo esto... y no olvides a tu madre, la cual, aunque alejada, no cesará, hasta su último aliento, de estar preocupada por ti.» En medio del júbilo universal por el triunfo de su hija, la anciana señora va a la iglesia y suplica a Dios que aleje el daño que ella sola, entre todos, presiente.

Aquel día de primavera, en la despedida la emperatriz abrazo a su hija y le dijo estas conmovedoras palabras: “adiós, mi querida hija. Una gran distancia nos va a separar… hacer tanto bien a los franceses que puedan decir que les he enviado un ángel”. Luego se derrumbó y se echó a llorar. Joseph Weber, un testigo de la despedida comento: “cubría sus ojos, a veces con un pañuelo, a veces con sus manos; de vez en cuando miraba por la ventana para una última mirada a su palacio ancestral, donde no volvería a poner los pies…”.

Al salir de los palacios de Viena, María Teresa escribió la siguiente carta para el futuro marido de su hija: “su novia, querido delfín, se separa de mí. Ella ha sido mi delicia, por lo que será ella ahora su felicidad. Para este fin la he educado; porque yo he sido consciente de que ella iba a ser su compañera de toda la vida. He ordenado a ella, que entre en sus más altas funciones, la oferta de fijación más adaptado a su persona, la mayor atención a cada cosa que pueda agradar o hacerlo feliz…”



Mientras la gigantesca cabalgata -trescientos cuarenta caballos que tienen que ser mudados en cada casa de postas atraviesa lentamente Austria y Baviera, y, al cabo de innumerables fiestas y recepciones, se acerca a la frontera, carpinteros y tapiceros martillean en la isla del Rin, entre Kehl y Estrasburgo, construyendo una extraña edificación. En este punto, los grandes maestros de ceremonia de Versalles y Schoenbrunn han obtenido su mayor triunfo; después de infinitas deliberaciones acerca de si la entrega solemne de la novia debe verificarse en territorio aún austríaco o ya en tierra francesa, alguien de entre ellos, muy ladino, encuentra la salomónica solución de que el acto tenga lugar en una de las deshabitadas islitas de arena del Rin entre Francia y Alemania; por tanto, en un país de nadie: un milagro de neutralidad; se construye allí, para la entrega solemne, un pabellón especial, de madera; dos antecámaras por el lado de la orilla derecha del Rin, que María Antonieta pisará aún como archiduquesa: dos antecámaras por la orilla izquierda, por las que, después de la ceremonia, saldrá como delfina de Francia; en medio, el gran salón para la solemnidad de la entrega, en la cual la archiduquesa se convertirá definitivamente en la heredera del trono de Francia. Preciosos tapices del palacio arzobispal cubren las paredes de madera construidas a toda prisa; la Universidad de Estrasburgo presta un baldaquín; la rica burguesía de la ciudad, su mejor mobiliario. Penetrar en este santuario de regio esplendor está, naturalmente, vedado a miradas no aristocráticas; no obstante, un par de monedas de plata hacen indulgentes en todo lugar y tiempo a los guardianes, y de este modo, varios días antes de la llegada de María Antonieta, algunos estudiantes alemanes se deslizan en los salones semiterminados para satisfacer su curiosidad.Mas poco después se acerca la «poderosa ola de nobleza y esplendor» del cortejo nupcial y, con alegres conversaciones y gozosos dichos, inunda aquel decorado recinto sin sospechar que, pocas horas antes, los videntes ojos de un poeta han descubierto en aquellos abigarrados tejidos el hilo negro de la fatalidad.

María Teresa entrega a Maria Antonieta para comenzar su viaje rumbo a Francia - Alegoría
donado a la duquesa de Chartres.
La entrada de María Antonieta debe significar la despedida de todos y de todo lo que la liga con la Casa de Austria; también aquí los maestros de ceremonia han imaginado un símbolo especial: no sólo no le es permitido a nadie de su acompañamiento austríaco ir con ella más allá de la invisible línea fronteriza, sino que la etiqueta llega hasta requerir que no conserve su desnudo cuerpo ni una sola hebra de los tejidos de su patria, ni zapatos, ni medias, ni camisa, ni cintas. Desde el momento en que María Antonieta llega a ser delfina de Francia, sólo le es lícito envolverse en telas de procedencia francesa. Es así como la joven de catorce años, en la antecámara austríaca, delante de todo el acompañamiento de su país, tiene que desnudarse por completo; en cueros vivos, brilla durante un momento, en el oscuro recinto, el delicado y apenas florecido cuerpo de la muchacha; después le imponen una camisa de seda francesa, enaguas de París, medias de Lyon, zapatos del zapatero de la corte, encajes y lazos; no le es dado conservar ningún recuerdo querido, ni un anillo, ni una cruz; ¿no se vendría abajo el mundo de la etiqueta si la niña guardara un solo broche o una cinta que le gustara? Ni uno solo de los rostros familiares para ella desde siempre, será, desde ahora, lícito que vuelva a ser visto a su lado por la princesita. ¿Es, pues, milagro, sabiendo todo esto, que, lanzada tan de repente en la existencia extranjera, la muchachilla, espantada de toda esta pompa y vanas ceremonias, rompa a llorar como una niña? Pero al punto tiene que volver a hacerse dueña de sí, porque los transportes de sensibilidad no son admisibles en un matrimonio político; al lado, en la otra sala, espera ya el acompañamiento francés, y sería vergonzoso acercarse a este nuevo séquito con húmedos ojos enrojecidos y llena de espanto.


El jefe de la comisión austríaca, el conde de Starhemberg, le tiende la mano para dar el paso decisivo, y, vestida a la francesa, seguida por última vez por su séquito austríaco, austríaca también ella por dos últimos minutos, penetra en la sala de la entrega, donde, con gran pompa y suntuosidad, la espera la delegación borbónica. El representante de Luis XV pronuncia un solemne discurso, y se da lectura al protocolo; después -todo el mundo retiene el aliento, da comienzo la gran ceremonia. Está concertada paso a paso, como si se tratase de bailar un minué, y ha sido ensayada y aprendida antes por los que participan en ella. La mesa en medio del recinto representa simbólicamente la frontera. De un lado están los austríacos; del otro, los franceses. Primeramente, el representante austríaco, conde de Starhemberg, deja libre la mano de María Antonieta; en su lugar, se apodera de ella el representante francés, y con paso solemne conduce lentamente a la trémula doncella alrededor de la mesa. Mientras ocurre esto, en minutos bien calculados, se retira lentamente, andando de espaldas hacia la puerta de entrada, el séquito austríaco, al mismo compás con el cual la suite francesa avanza hacia la futura reina, en forma que, justamente en el momento en que María Antonieta se halla en medio de su nueva corte francesa, la austríaca ha abandonado ya la sala. Silenciosa, ejemplar, espectral y magníficamente se desenvuelve esta orgía de etiqueta; sólo que en el último momento la emocionada muchachita no puede soportar más esa fría solemnidad. Y en lugar de recibir serena y glacialmente la devota reverencia de su nueva dama de honor, la condesa de Noailles, se arroja, sollozando y como pidiendo auxilio, en sus brazos: bello y conmovedor ademán de abandono que los grandes maestros del ceremonial de uno y otro lado habían olvidado prescindir. Pero el sentimiento no figura en los logaritmos de las reglas de corte. Ya espera fuera la encristalada carroza; ya suenan las campanas de la catedral de Estrasburgo y retumban salvas de artillería; mientras rompen a su alrededor oleadas de aclamaciones, María Antonieta abandona para siempre las dichosas costas de la niñez: comienza su destino de mujer.

domingo, 22 de julio de 2012

LE TEMPLE DE L`AMOUR À TRIANON!


El templo del amor es uno de los lugares más inolvidables en los jardines del petit trianon, en una pequeña isla justo detrás de la casa. El templo no se construyo para celebrar el amor mítico de la reina para el conde fersen como algunos autores han dado a entender. El apuesto caballero fersen era hasta entonces un conocido amigo. María Antonieta lo mando construir para celebrar el amor entre ella y el rey, la consumación de su matrimonio, un retraso de muchos años.

Richard Mique fue el encargado de diseñar la estructura neo-clásica. En julio de 1778 los andamios fueron retirados dando como resultado una obra mestra que ha sido admirada por los contemporáneos. La cúpula fue decorada con casetones de piedra de Conflans, sostenida por doce columnas corintias. El centro de la cúpula José Deschamps diseño un trofeo de seis pies de diámetro, una caja compuesta de flores y los atributos del amor: coronas de rosas, carcaj, teas, flechas y cintas relacionadas con el entrelazado de flores y hojas de olivo.


El pavimento es de mármol blanco veteado de compartimientos enrojecidos. En el primer momento se pensó colocar en el centro de la rotonda una escultura de cera blanca proyectada por José Deschamps. Pero la reina prefirió una estatua que data de 1746 esculpida por Edme Bouchardon: “la desnudez y la sensualidad de la adolescencia”. representa a Cupido tallando sus dardos de amor con el garrote de Hércules, un símbolo excelente del estilo rococó. El semidiós es transformado en un niño tierno, el garrote que rompe huesos se transforma en flechas que golpean el corazón, en el momento en que el mármol es sustituido por el estuco.Alrededor de la isla donde se encuentra el templo fueron plantados manzanos y rosas de bola de nieve, que proporcionaban un aroma agradable. 

María Antonieta al despertar podría ver desde la ventana de su dormitorio en trianon, el hermoso templo. Completado en julio de 1778, la reina lo inauguro el 3 de septiembre dando un espectáculo brillante para el rey.

“este templo esta a la sombra de arboles altos, que brotan un olor perfumado por una gran cantidad de rosas y otros árboles que lo rodean”. (Los viajes pintorescos de Francia).

“me llevo al jardín ingles de la reina en trianon. Contiene cerca de cien hectáreas, ordenado de acuerdo a las descripciones que se dan de los jardines chinos… vemos que la madera, rocas, pardo, lagos, ríos, islas, cascadas, cuevas, paseos, templos, todo, hasta un pueblo. Varias de las partes son muy bonitas y bien ejecutado… la gloria del petit trianon son los árboles y arbustos exóticos. El mundo, afortunadamente, fue puesto para decorarlo. Se ha encontrado el encanto bello y curioso y para los ojos de la ignorancia y la memoria de los estudiosos. Entre los edificios, me gustaría mencionar el templo del amor como verdaderamente elegante, cima de la perfección y el buen gusto”. (Arthur Young a Richard Mique, 10 octubre de 1787).

·SABIAS QUE?...


El templo del amor en el petit trianon era la sede de una obra maestra de la escultura francesa del artista Edme Bouchardon. Hoy en día, la escultura reside n el museo del Louvre, mientras que una réplica de otro escultor del siglo 18, Louis-philippe Mouchy, se encuentra en el interior del templo.

viernes, 20 de julio de 2012

JEAN-LOUIS FARGEON EL PERFUMISTA DE LA MARIE ANTOINETTE


Jean –Louis Fargeon nació en Montpellier en 1748. Unos de sus antepasados era proveedor de fragancias de la duquesa de montpensier a finales del siglo de XVII. Su padre, también fue perfumista, le enseño los rudimentos del negocio. Su padre, también un comerciante de perfumes, le enseñó a su hijo los rudimentos de su oficio mientras trabajaba. Fue así como Jean Louis creció en un mundo rodeado de "esencias, especias, polvos y aguas perfumadas con rosas, jazmines, violetas, lirios, lavanda, naranjas y limones." A los 22 años de edad, con el negocio familiar tambaleando al borde de la ruina, Jean Louis, habiéndose enterado de la llegada de la futura Delfina a Francia, decidió abandonar su pueblo. Su objetivo: convertirse en el perfumista designado para María Antonieta.  Se traslado a parís, se convirtió en un aprendiz y fue admitido en el Masters en 1774. Su ascenso comenzó el día en que la princesa de guemenee le presento a la reina. María Antonieta quedo seducida por el hombre que le obsequia un par de guantes perfumados. Desde entonces se convirtió en su proveedor oficial; aquellos olores de rosa, lirio, violeta y clavel propios de la época de Luis XIV, son cambiados por la nueva moda toilette: almizcle, algalia y ámbar. Invitado a compartir la intimidad de la reina y su familia también creo fragancia para los hijos de maría Antonieta. Estableció negocios en Londres, burdeos y Nantes. Durante la revolución se siguen las nuevas ideas, Fargeon se mantiene fiel a la familia real. Detenido en el régimen del terror por un caso de falsos asignados, fue liberado en el momento del 9 de termidor, día de la caída de robespierre. En 1801 tras la firma de una tratado se convirtió en el proveedor oficial de la corte imperial. Murió en 1806.



María Antonieta amaba la fragancia. De hecho, el perfume era muy popular entre la realeza francesa, incluso antes que la futura reina pisara el umbral de Versalles. Cuando maría Antonieta entra en escena, las flores están en su apogeo. Los historiadores relatan que la reina habría trabajado estrechamente con Fargeon, para crear una fragancia.

Los gastos en perfume en el taller de Fargeon en la Rue Du Roule fue examinada por el ministro de finanzas. Desde 1775 hasta 1781, la reina fue en los momentos de su vida cuando ella se entrego a los placeres mundanos. Fargeon proporciono a la mayor parte de los miembros de la familia real su propio perfume. El conde y condesa de artois adoraban el olor a azahar y el nardo. Con maría Antonieta se intensifico el ámbar, almizcle y opopónaco. La reina adquirió un gusto por los olores concentrados; su precio fue muy alto debido al mayor consumo de materia prima y el tiempo de trabajo invertido.

…….Con el corazón palpitante, le tendió un frasco de agua de Chipre compuesta, en la que el jazmín, el iris, la angélica, la rosa y el nerolí surgían de tres nueces moscadas blancas machacadas y treinta gotas de ámbar. El olor agradaba aún a los que sentían horror por el ámbar.

La joven dejó caer en el dorso de su mano una gota hacia la que inclinó su linda naríz. El perfume le resultó exquisito y Jean-Louis, estimulado, le hizo oler un preparado más audaz. Había puesto en él cidra, nerolí e iris en aguardiente de Cognac adicionada con macis y una onza de biznaga. La reina dijo que era una mezcla sorprendente y revigorizante como un cordial y preguntó el nombre de ese perfume.
- Lo llamé agua sensual, señora condesa.
Ese nombre le dio risa, y él sintió que había ganado la partida. Después de haberle recomendado, por su tipo de piel, el bálsamo de La Meca, le presentó sus matices de pequeños potes de rouge de diferentes tonos según las circunstancias. Estaba orgulloso en especial de los nuevos tonos que había obtenido aumentando media onza el polvo de talco hasta el déblachi, que es una libra de talco sobre una cantidad de carmín. A la goma había agregado gotas de aceite de oliva para que los rouges se mantuvieran amalgamados y untuosos……………
(Jean-Louis Fargeon, parfumeur de Marie-Antoinette, Elisabeth de Feydeau- 2005)

·EL PERFUME DE TRIANON!
Solicitado por la reina era un problema difícil crear un olor evocando el trianon y la naturaleza dual de la reina como pastora:


…Partió de la idea de los pétalos de los azahares blancos, espesos, ricos en aroma y frescura, olor de felicidad. Puso en el preparado un poco de espíritu de azahar, cuyo frescor, en contacto con la piel, tomaba una intensidad perturbadora y cuya emanación desarrollaba una fastuosa embriaguez. Lo acompañó con notas tranquilizantes de espíritu de lavanda, y agregó aceite esencial de cidra y bergamota, que obtuvo por prensado. La reina los conocía bien y se sentiría reconfortada. Terminó las notas de cabeza con gálbano, sustancia grasa, dúctil como la cera, que daría una tonalidad verde, como un pequeño latigazo entre la cabeza y el corazón del perfume. Era lo que sentía con claridad cada vez que rompía un tallo bien verde del que escapaba esa nota poderosa. Recordaría que la reina había roto los códigos de la etiqueta con su espíritu libre e independiente de la rutina.

El iris muy pronto se impuso en el corazón del perfume…Su porte altivo y majestuoso recordaba a la reina. Su perfume secreto exhalaba una calidez radiante, única, muy potente y controlada…Había comprobado que, a partir del iris, se podía dar a las composiciones el olor de la violeta. Era una flor especial, que pasaba por tímida, pero cuyo perfume potente y característico no se consideraba de verdad…Podía imaginarse la seducción amorosa prohibida a una soberana y sus imposibles amores con el conde de Fersen…añadió una pizca del salvaje, hechicero y exigente junquillo

Fue entonces cuando hizo intervenir a las tres flores blancas, las reinas de la noche: el jazmín, la azucena y el nardo. Había que darles los medios discretos para su triunfo, sublimarlas sin traicionarlas, refinarlas y presentarlas en todos sus matices….Se dejó tentar por el nardocuyos pétalos blancos, gruesos y aterciopelados dejaban escapar un perfume embrujador, suave, y al mismo tiempo sensual…el nardo tenía el poder de disminuir la ansidad y estimular el deseo .Puso una pizca, porque desconfiaba del poder obsesivo de un aroma a mitad de camino entro la miel y la ponzoña…Pensó que la flor más olorosa de todo el reino vegetal también podía volverse criminal……
..(Jean-Louis Fargeon, parfumeur de Marie-Antoinette, Elisabeth de Feydeau- 2005).

·SABIAS QUE?...
conocida como"jardin secreto" Y guardado en un delicado frasco de jade negro, maría Antonieta la llevo todo el tiempo junto a ella, hasta el final de su vida en la guillotina. Fargeon lo creo exclusivamente para ella inspirándose en las rosas del castillo del petit trianon, a donde la joven soberana solía escaparse siempre que podía, huyendo de la aburrida corte real. Pierre Lubin, aprendiz de Fargeon y fundador de la casa Lubin, se fijo en el exclusivo elixir de la reina. La casa Lubin creada en 1798 es una de las marcas de lujo más antiguas de Francia. Pierre-françois Lubin, en 1790, dejo Grasse para trasladarse a parís y completar su formación con jean-louis Fargeon. Su favorita era el aroma de rosas, una fragancia Fargeon recogida con gran pericia. Tras la revolución, Lubin abrió su propia tienda, AU BOUQUET DE ROSES, un discreto tributo a la reina marie antoinette, que para entonces ya había conocido su trágico destino.