lunes, 4 de julio de 2011

UNA MARIE ANTOINETTE EN HISPANOAMERICA!


El virrey amar y Borbón estaba casado con doña francisca de villanova. Era hija de don Eugenio de villanova, padre de numerosa familia, quien aporta de su propio peculio para ayudar a sufragar los gastos del viaje a América de su yerno. Fueron recibidos en santa fe el 16 de septiembre de 1803 con los mayores honores, sentimientos expresados por el poeta José maría Salazar:
«Y tú, amable Francisca, venerada, de Villanova, timbre esclarecido, del venturoso amor prenda adorada y de virtud ejemplo el más subido, tú serás de nosotros respetada, tu ilustre nombre no verá el olvido, antes por el contrario, tu memoria será eterna en los fastos de la historia».

Sin realce no atractivos especiales, no capto mayores simpatías entre los habitantes de la capital, sus actos terminarían por convertirla en un ser odiado y malquerido. La virreina dominaba a su marido, que influía en la provisión de los empleos, y manifestaba amor excesivo por el dinero. El virrey obsequio a su esposa catorce mil pesos con el objeto de que los invirtiera en perlas, también organizo el 2 de febrero de 1804 el primer baile de mascaras en el coliseo de santa fe, porque la virreina los disfrutaba mucho.

·LA REVOLUCION!:

El 20 de julio de 1810 estalla la revuelta y la gente exigió encarcelamiento a los virreyes. Algunos de los miembros de su círculo de amistades de palacio estuvo formada por algunos de los protagonistas de la reyerta como francisco morales.
El odio y resentimiento, especialmente entre las mujeres del bajo pueblo, se hizo evidente cuando la condujeron a la Cárcel del Divorcio. “como a las cinco y media la sacaron del convento y, aunque la iban custodiando algunos clérigos y personas de autoridad, no le valió, pues por debajo se metían las mujeres y le rasgaron la saya y el manto, de suerte que se vio en bastante riesgo, porque como las mujeres, y más atumultuadas, no guardan ningún respeto, fue milagro que llegase viva a El Divorcio.


«Cada uno de estos esposos fue la personificación de más de un vicio: don Antonio, de la gula y la pereza; doña María, de la soberbia y la avaricia. Jamás se llevó a mayor extremo el monopolio, pues la insaciable virreina especulaba con todo: suyas eran las mejores tiendas de comercio, suyas las pulperías, suyas los miserables fogones en que se cocinaba para los proletarios, y suyo en fin, el mercado de la ciudad, en que revendían los víveres y las frutas; ella había hallado el medio de asimilarse todas las empresas lucrativas, rematándolas, atravesando los artículos de primera necesidad, o haciendo convenios con algunos ricos para arruinar a los especuladores en pequeño, quitar a los pobres esas miserables industrias y acaudalar una fortuna sobre el hambre y la desnudez de todo un pueblo».

El Papel importante que jugó la virreina durante la conspiración de Rosillo, quien con audiencia previa le propuso proclamar a su esposo como rey en estos términos: «Vuestra excelencia y el señor virrey están amados y queridos extremadamente. El pueblo, o el reino, los adora y proclamaría por rey a su excelencia, pues contaba con cuarenta mil hombres, armas y artillería que suministraría un amigo». El real acuerdo concluye que «La señora virreina, asombrada, le despidió, diciéndole que no quería más reino que el de los cielos»; enfatizando la gravedad del asunto, expresa que el virrey no le dio importancia «tal vez no lo habría comprendido por su impedimento de oído». Doña Francisca Villanova, esposa de Amar, fue una mujer frívola, liviana, amiga de que la adularan y por añadidura joven. Una María Antonieta para este pequeño Nuevo Reino de Granada, con un marido que como Luis XVI carecía no solamente de malicia y masculinidad, sino también de las condiciones que hacen de un hombre apto para el mando. «Si Amar hubiera tenido el carácter firme de su esposa, difícilmente se habría hecho la revolución». Días después, el 15 de agosto de 1810, María Francisca Villanova y su esposo partieron rumbo a su patria.


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