sábado, 10 de abril de 2010

LA CARTA DE DESPEDIDA...


La carta de despedida que escribió de madrugada a su cuñada la princesa Isabel retrata el estado de su espíritu en esa hora suprema: “Acaban de condenarme a muerte, no a la muerte vergonzosa que sólo merecen los criminales, sino a una muerte que me reunirá con tu hermano. Soy tan inocente como él y espero demostrar la misma firmeza que él hasta el final. Estoy serena, como lo está quien lleva la conciencia tranquila”. Y terminaba diciendo: “Piensa siempre en mí. Un abrazo de todo corazón para ti y para esos pobres y queridos hijos míos. Dios mío, me parte el alma tener que dejarlos para siempre. Adiós, adiós, ahora sólo pienso en mi deber espiritual…”La Revolución fue la definitiva frontera que traspasó María Antonieta, y no sólo fue una frontera biográfica, sino histórica. Como señala con gran acierto el historiador Carlos Martínez Shaw, gran especialista en el siglo XVIII, en un artículo aparecido en El Cultural, titulado “Hijos de la Revolución”: “Hasta el 14 de julio de 1789, María Antonieta vivió como cientos de soberanas del Antiguo Régimen, frívolas y despilfarradoras (y mecenas de las artes y las letras también), que vivieron y murieron a la sombra de sus maridos los reyes.