domingo, 6 de diciembre de 2009

VIDA EN LA COCERJERIA


Desde el momento de la llegada de María Antonieta a la Conserjería empezaría a vivir lo que finalizaría en su muerte. Maltrato, falta de atención, aunque algunos hayan tratado de salvarla, era lo que se vivía allí dentro. Y esto se afianzaba aún más al habérsele quitado a sus hijos, quienes fueron llevados a otra celda.Gracias a Elisabeth, su cuñada, ella podía obtener algunas cosas para sentirse mejor, como por ejemplo agua de la Ville d'Avray, en lugar de la sucia agua del Sena, o también alguna muda de ropa, que en los meses de verano tanto iba a sufrir la pulcra Maria Antonieta dado que las entregas se hacían con muchos días de espera. Su cuñada había pensado en algunas agujas de tejer para que pase su tiempo, pero estas le fueron quitadas por temor a que la desafortunada reina intentara quitarse la vida. Cuenta la criada de la Conserjería, quien la atendía, que María Antonieta quitaba los hilos de una tela de tapicería que había en la pared, y con ellos hacía cordones.El aire viciado, la congoja, el calor y el hacinamiento hicieron que la salud de la reina se deteriorara increíblemente. A los 37 años se veía del doble de su edad, con su pelo canoso, con ojeras profundas y completamente debilitada. Había empezado a tener hemorragias por lo que siempre pedía ropa interior nueva.Nada le quedaba a la Reina mas que esperar su muerte,aunque no han faltado los intentos por rescatarla.

Una descripción de esa celda se encuentra en el Diario de Fersen, que recoge todas las informaciones sobre el cautiverio de su amiga:

Su habitacion era la tercera puerta, a la derecha, frente a la de Custine; estaba en la planta baja, la ventana daba al patio[...] la habitacion era pequeña, húmeda y fétida.[...] El lecho de la reina era, como los otro, de madera; un jergón, un colchón y una manta de lana, sucia y agujereada, que servía desde hace tiempo a los prisioneros; las sábanas eran de tela gruesa y gris, como las otras [...]

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