jueves, 5 de noviembre de 2009

EL NUO ENGAÑA LA OTRO


El 10 de octubre Luis XVI está de nuevo en París. Con María Antonieta deciden solicitar la ayuda de los monarcas extranjeros, el rey de España Carlos IV y José II, hermano de la Reina. Pero el Rey de España responde con evasivas y el 20 de febrero de 1790 José II fallece.conèl pierde mari antonieta su mas fuerte apoyo en el extranjero, todo se desmorona. La Fayette le sugiere a la Reina, con toda frialdad, que se divorcie. Otros hablan, casi con descaro, de emprender un proceso de adulterio y pillar a la Reina en flagrante delito con el conde de Fersen.La Reina está cada vez más sola, sobre todo desde que, en octubre de 1790, Mercy-Argenteau se ha marchado de Francia para ocupar su nuevo cargo en la embajada de los Países Bajos, y de que Leopoldo II, el nuevo emperador (otro de sus hermanos) elude sus peticiones de ayuda. El 7 de marzo, una carta de Mercy-Argenteau dirigida a la reina es interceptada y entregada a la Comuna. Otro contratiempo para la reina, una prueba que pone de manifiesto su intención de vender la patria a Austria.El caos se agudizaba y los acontecimientos se precipitaron. María Antonieta seguía concitando todas las iras. A pesar de todo, era el principal apoyo de Luis XVI. Como diría Mirabeu, “el rey no cuenta más que con un hombre: su mujer”.
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EL ASALTO AL PALACIO DE VERSALLES

El 5 de octubre una manifestación de mujeres se dirige a Versalles pidiendo pan.al dia siguiente, por la mañana, un grupo de mujeres armadas con picos y cuchillos, entran en el palacio pidiendo a gritos la sangre de la reina.Se dirigieron directamente a su habitación. matan alos guardias, los decapitan y clavan sus cabezas en lanzas. -"estaban como locas gritando por todo el palacio:dadme sus entrañas!,dadme su cabeza!,yo quiero una pierna!yo quiero un brazo!...esraban tan freneticas que en realidad donde la hubiesen encontrado probablemente la hubieran descuartizado". Mientras los guardias eran asesinados defendiendo a la reina, Maria Antonieta era despertada por sus damas de compañía. temiendo por su vida, maria antonieta escapa a los aposentos de luis xvl solo unos minutos antes de que las mujeres entren en la habitacion y hagan trizas su cama.
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LA SALIDA AL BALCON

el 5 de octubre una manifestacion de mujeres se dirige a versalles pidiendo pan y diciendo que van en busca del "el panadero"(el rey), "la panadera"(la reina) y "el pequeño aprendiz"(el delfin).La gente desde el patio del palacio pedía por la presencia de la Reina, quien mostró mucho coraje cuando decidió enfrentarse a la muchedumbre y salir al balcón. Allí, salió con sus hijos, pero la gente quería enfrentarla a ella sola.su salida al balcon se vio plaga de gritos,insultos y vituperios.La reina no hizo más que reverenciar al pueblo. Es por eso que la gente gritó "vive la Reine!". Escribía María Antonieta: Diciembre de 1790: María Antonieta a su hermano el emperador Leopoldo II: "Si, mi querido hermano, nuestra situación es espantosa, lo siento, lo veo y vuestra carta lo ha adivinado todo... El asesinato está a nuestras puertas; un puedo aparecer en una ventana, aún con mis hijos sin ser insultada, por un populacho ebrio, al cual jamás hice el menor mal sino todo lo contrario, y sin duda hay entre ellos muchos desdichados a quienes socorrí con mi propia mano. Estoy preparada para cualquier cosa y escucho con sangre fría a quienes piden mi cabeza...
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LA SALIDA AL BALCON


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"QUE COMAN PASTELES"

Entre tanto María Antonieta intentó convencer a su esposo para huir con la familia a Metz donde había tropas reales. Sin embargo, el rey se negó a huir. Cuando en las próximas semanas el rey una y otra vez rehusó abolir oficialmente los derechos feudales, la gente sospechó que tras la terquedad del rey estaba su mujer, y la austriaca se convirtió en el blanco principal del odio del pueblo.Entonces cundió con la rapidez de un rayo una anécdota que ejemplificaba su altivez cínica y desalmada. María Antonieta, se decía, habría preguntado, durante un paseo que dio con su cochero, por qué toda la gente parecía tan desgraciada. «Majestad, no tienen pan para llevarse a la boca», le respondió. En efecto, la mala cosecha del año 1789 había hecho explotar los precios del pan; el hambre amenazaba. Y María Antonieta habría contestado a esa explicación: «Si no tienen pan, que coman pasteles.» (S’ils n’ont pas de pain, qu’ils mangent de la brioche.)Seguramente María Antonieta jamás dijo estas palabras.No obstante, en la Francia de 1789 todo el mundo creía que este comentario cínico sólo podía haber salido de labios de María Antonieta. A lo largo y ancho del país, la reina fue insultada en panfletos y obras de teatro.

“Cada vez que recorto el presupuesto en los hogares, las hojas de escándalo, simplemente informan de que malgasto mas dinero que nunca. Apenas la semana pasada, después de dar de mi propio dinero para traer comida a la parte mas pobre de la ciudad, las revistas no solo olvidaron mencionar mi donación, pero ingeniosamente han inventado nuevas palabras de mis labios. Al parecer, todo el mundo en parís cree que tengo una nueva solución para aquellos que no tienen pan: “que coman pastel!”. Mis acciones reales se han convertido en irrelevantes”.( María Antonieta: El color de la carne -Joel Gross, 2007)
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Cuenta Jean Jacques Rousseau en 1769 que una cortesana, al escuchar al pueblo clamar bajo la ventana, preguntó a su doncella:”¿Qué sucede? ¿Por qué se lamentan?”. "Porque tienen hambre y carecen de pan” , le explicó la sirvienta. A lo que la dama concluyó: “ Si no tienen pan, que coman pastel!". Tradicionalmente se atribuye esta anécdota a María Antonieta, aunque cuando Rousseau la escribió en 1769, la futura reina de Francia aún era una niña, archiduquesa austriaca alejada de brillante mundo de Versalles.

APERTURA DE LOS ESTADOS GENERALES


Señores:

Este día que mi corazón esperaba desde hace mucho tiempo ha llegado al fin, y me veo rodeado de representantes de la nación que tengo la gloria de conducir... Un largo intervalo ha transcurrido desde la última reunión de los Estados Generales, y aunque la convocatoria a estas asambleas parece haber caído en desuso, no he vacilado en restablecer una costumbre de la que el reino puede extraer una nueva fuerza y que puede abrir a la nación una nueva fuente de dicha.
La deuda del Estado, ya inmensa cuando accedí al trono, ha aumentado bajo mi reinado; una guerra costosa, pero honorable ha sido la causa; el aumento de los impuestos ha sido la consecuencia necesaria, y ha hecho recalcar su repartición desigual. Una inquietud general, un deseo inmoderado de innovaciones se ha apoderado de los ánimos, y terminará por confundir totalmente las opiniones, si no nos apresuramos a fijarlas en una reunión de consejos sabios y moderados.
Es en esta confianza, señores, que os he reunido, y veo con sensibilidad que mi confianza ha sido justificada por las disposiciones que las dos primeras órdenes han demostrado de renunciar a sus privilegios pecuniarios. La esperanza que he concebido de ver todas las órdenes reunidas por el sentimiento de concurrir conmigo al bien general, no será engañada.
He ordenado ahorros considerables en los gastos. Me presentaréis, en este sentido, ideas que percibiré con entusiasmo, pero pese al recurso que puede ofrecer la economía más severa, temo señores, no poder aliviar a mis súbditos tan rápidamente como lo desearía. Haré poner ante vuestros ojos la situación exacta de las finanzas, y cuando la hayáis examinado, estoy seguro de antemano de que me propondréis los medios más eficaces para establecer un orden permanente y afirmar el crédito público. Esta obra grande y saludable, que asegurará la dicha del reino en el interior y la consideración exterior, os ocupará esencialmente.
Los espíritus están agitados, pero una asamblea de representantes de la nación, sólo escuchará sin duda los consejos de la sensatez y de la prudencia. Vosotros mismos juzgaréis, señores, que recientemente nos hemos apartado de esto en ocasiones múltiples; pero el espíritu dominante en vuestras deliberaciones responderá a los verdaderos sentimientos de una nación generosa, en la que el amor a sus reyes ha sido siempre el carácter distintivo: apartaré todo otro recuerdo. Conozco la autoridad y el poder de un rey justo en medio de un pueblo fiel y unido a los principios de una monarquía, que han sido el brillo y la gloria de Francia; yo debo ser el sostén, y lo seré constantemente. Pero todo lo que puede esperarse del más tierno interés ante el bien público, todo lo que se puede pedir a un soberano como primer amigo de sus pueblos, debéis esperarlo de mis sentimientos.
¡Ojalá, señores, un dichoso acuerdo reine en esta asamblea, y que esta época sea para siempre memorable, por la dicha y la prosperidad del reino! Este es el deseo de mi corazón, el más ardiente de mis votos, en fin, el precio que espero por lo recto de mis intenciones y mi amor por mis Pueblos.