martes, 1 de septiembre de 2009

EL NACIMIENTO DEL DUQUE DE ANGULEME

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Mientras la reina, descuidada como estaba, no podía si quiera tener esperanzas de ser feliz siendo una madre, tuvo que soportar la mortificación de ver a su cuñada, la condesa de Artois dar a luz al Duque d'Angouleme.La tradicion requería que la familia real y toda la corte estuviera presente en los partos de las princesas; la Reina por ende estaba obligada a quedarse todo el día en el cuarto de su cuñada. En el momento que a la Condesa le informaron que un príncipe había nacido, puso sus manos en la frente y exclamo con energía, "Dios Mío, que feliz soy!." La Reina se sintió tocada por esta involuntario y natural reacción. De todos modos, su comportamiento fue impecable. Demostraba todas las posibles formas de afecto a la joven madre, y no la abandonó hasta que no la durmieron; luego, se retiró por unas escaleras, por el hall de los guardias, con calma, por entre una multitud inmensa. Los poissardes (gente de clase mas baja), quienes asumieron el derecho de hablarle a los soberanos con su lenguaje vulgar, la siguieron hasta la puerta de su apartamento, gritandole con expresiones muy groseras que debía darles un heredero. La Reina entró a su cuarto, apurada y agitada; cerró fuertemente la puerta para llorar conmigo (Mm. Campan), no de celos por su cuñada - de lo cual sería incapaz,- sino de tristeza por su propia situación.

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